
Se acerca una de las festividades más infectas del año: San Valentín.
Lo peor de San Valentín no es que sea una fiesta comercial inventada para hacer comprar a la gente montones de trastos inútiles y mutilar miles de infoensivas flores - eso pueden hacerlo cuando les plazca. Para mí, lo realmente dañino es lo que representa; es ese supuesto romanticismo que es, en realidad, una celebración de toda la violencia y la irracionalidad del amor hetero.
El amor hetero es retorcido, asqueroso, antinatural. Los heteros no se guian por criterios estéticos (puesto que no saben ver la belleza de los individuos más allá de sus cualidades reproductivas), los heteros no se guían por sentimientos, los heteros no se guían por impulsos. Los heteros se guían por normas sociales que siguen obedeciendo la llamada de la genética. Lo hacen todo por la continuidad de la especie.
Lo que los heteros consideran romanticismo no es más que un absurdo juego de estrategia que consiste en conseguir que una hembra se rinda ante ellos y les permita que se la follen a cambio de regalitos y demostraciones estúpidas de sentimientos inexistentes. Todo es un juego de poder.
San Valentín es un día de corazoncitos de papel, y ositos de peluche y cadenitas de oro con inscripciones de amor con fecha de caducidad, y ramos de rosas en manos de zorras estúpidas, y cenas románticas a la luz de la luna, y sábanas de seda y velitas perfumadas. San Valentín es un día de frases cursis y vacías, y amantes virginales cogidos de las manitas, dándose piquitos en el parque.
Da asco.
San Valentín es un día para salir a la calle y matar, violar, descuartizar, y violar cadaveres. Al menos, yo lo haré.
Uníos a la Asociación de la Matanza del Día de San Valentín. Erradiquemos esta jodida fiesta por el bien de la humanidad.